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La cocina estacional y los alimentos de otoño

12/11/2019 Barea


castaña

¿Os habéis preguntado alguna vez si nuestra alimentación está directamente influenciada por los cambios estacionales? Es obvio que no se cocina igual en verano que en invierno. Salmorejo versus sopa representa el mejor ejemplo. Y es que la temperatura, los alimentos de temporada y el clima de cada época del año condicionan la forma que tenemos tanto de comer como de preparar los productos. El otoño trae consigo unas claves culinarias muy singulares y de ellas te queremos hablar desde Barea Grupo.

Con la estación otoñal comienza el frío, los días son más cortos y el viento y la lluvia hacen acto de presencia en las calles. Nuestro organismo tiene que adaptarse a estos nuevos ritmos y la alimentación es una buena forma de hacerlo. Desde la Fundación Española de Nutrición aconsejan adaptar nuestro consumo a cada estación en cuestión, potenciando los productos de temporada. Así aprovechamos su potencial nutritivo, mejor sabor, color y aroma. Y además nuestro bolsillo lo agradecerá, al existir mayor oferta en el mercado.

Es una buena época para variar con las verduras y hortalizas, introduciendo en nuestros platos auténticas joyas nutricionales propias de estos meses como son las setas, calabaza, coles y membrillos. Además, es también un buen momento para incluir nuevas técnicas culinarias propias de épocas más frías, por ejemplo purés, sopas, guisos y potajes. Aquí te dejamos una lista de algunos “ imprescindibles” que no pueden faltar en tus platos otoñales y te explicamos también el porqué de su elección. Si quieres alguna sugerencia de preparación puedes acudir a nuestro recetario. Aquí nuestro ranking:

Setas y champiñones. Por su sabor y textura son muy apreciadas en la cocina, pero además tienen un alto contenido en proteínas y son ricas en hierro, fósforo y potasio. Poseen, además, un bajo contenido calórico.

Coles. Repollo, coliflor, coles de Bruselas, berza o nabos aderezan cocidos, potajes tradicionales y todo tipo de guisos de cuchara que resultan tan apetecibles durante estos meses.

Legumbres. Además de colaborar en la prevención de la obesidad, dolencias cardiacas y enfermedades como la diabetes son una fuente idónea de proteínas. Su variedad es inmensa (lentejas, garbanzos, judías…) y son uno de los ingredientes fundamentales de los platos de otoño.

Calabaza. Es rica en vitamina y minerales, poco calórica, cardiosaludable, cuida la salud ocular y, refuerza el sistema inmune haciendo que los típicos resfriados de otoño no hagan su aparición estelar o al menos tarden en hacerlo, y si lo hacen sea con poca intensidad. Es muy versátil y puede ser cocinada al vapor, a la plancha, en guisos, postres, purés…

Castaña. Nutritiva y energética, es la reina de los frutos secos otoñales. Además nos podemos permitir, sin que la báscula se resienta por ello, un buen banquete ya que solo aportan 165 calorías por cada cien gramos.

Membrillos. No puedes perderte esta fruta que rara vez vemos en su forma original. Rebosa vitaminas y minerales, además de tener un gran poder diurético.

Cítricos. Mandarinas, naranjas y pomelos son frutas ricas en vitamina C y aportan mucha fibra. Son grandes aliadas para prevenir los catarros.

El alto valor nutritivo y proteico de estos alimentos otoñales los hacen óptimos para contribuir a la mejora de una dolencia que también se manifiesta en esta época del año. Es la astenia otoñal, no tan conocida como la primaveral, pero que ya afecta según los especialistas a uno de cada quince personas. Por supuesto, además de la alimentación existen otros elementos básicos para superarla, tales como dormir ocho horas, acostarse y levantarse siempre a la misma hora, hacer deporte a diario, beber mucha agua y tomar el sol diez minutos diarios (principalmente por la mañana). Si los síntomas de este síndrome duran más de un par de semanas siempre es aconsejable ir al médico.