Actualidad

La ‘slow food’ o el placer de comer lento

03/05/2021 Barea


Vivimos tiempos de cambios. Frente a las prisas del día a día y la comida rápida, ha comenzado a calar en nuestra sociedad un nuevo hábito gastronómico. Es el denominado ‘slow food’ o el placer de comer lento, una forma de vida que promueve la lentitud de la ingesta, los productos naturales, las recetas locales y el disfrute sin prisas.

Hay que remontarse a 1986, en concreto, a la Plaza de España de la ciudad de Roma para encontrar el origen del ‘slow food’. Entonces se organizó una manifestación para protestar contra la ‘fast food’. Carlo Petrini es considerado el fundador de este movimiento que poco a poco se ha convertido en internacional. Actualmente la asociación está presente en 150 países y cuenta con más de 83.000 socios.

Tres son las claves que sostienen esta opción alimentaria: educación y formación en los sabores y alimentos cercanos, apoyo a los pequeños productores y desarrollo de la biodiversidad autóctona. El consumidor puede introducir algunas de sus enseñanzas en la vida diaria con una pizca de voluntad.

Principios del ‘slow food’

El movimiento ‘slow food’ es un estilo de vida que, más allá de la comida lenta, promueve una forma distinta de ver las cosas y de vivir basada en los siguientes principios:

Educar el gusto frente a la baja calidad de la comida.

-Acciones para salvaguardar la cocina local, las producciones tradicionales y las especies vegetales y animales en peligro de extinción.

-Un modelo de agricultura nuevo, que sea más limpio y sostenible. Debe estar fundamentado en los conocimientos de las comunidades locales y debe ofrecer perspectivas de desarrollo incluso en las regiones más pobres del planeta.

-La protección de los alimentos, las materias primas, las técnicas de cultivo y de transformación que hemos.

-La defensa de la biodiversidad de las especies, tanto cultivadas como salvajes.

-La protección de locales gastronómicos que forman parte del patrimonio cultural debido a su valor artístico, histórico o social.

En definitiva, el ‘slow food’ fomenta un ritmo de vida más lento a través del placer gastronómico, respetando los ecosistemas, el desarrollo social, la preservación de la cultura local y la agricultura más tradicional. Una práctica que recomendamos desde el Barea Grupo por todas estas cualidades positivas.